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Recuerdo la primera vez que vi a un mago, tendría yo 12 años, me quedé prendado, loco de alegría al experimentar la sensación  que deja lo imposible, el vértigo que causa contrariar toda lógica, todo hecho por unas manos creativas y un corazón en ellas, sólo para ofrecerte una ilusión, un sueño, algo que pensaste que nunca ocurriría y, sin embargo, sucede.
 

 

 

 

 

 

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